Año con año cuando llega la época navideña, en mi consulta escucho más frecuentemente frases como estas: “No quiero que llegue Navidad”, “No tengo nada que celebrar”, “La mayoría de las reuniones las acepto por compromiso”, “Me siento muy triste y no sé porque”, y así, podría continuar citando ejemplos de cómo expresan las personas el conflicto interno, el estrés y la angustia que les provocan las fiestas decembrinas.
Quiero compartirles que según un reporte reciente citado por Secretaría de Salud (SSA), en México entre el 4 % y el 8 % de la población general en nuestro país podría verse afectada por TAE (trastorno anímico estacional) o “depresión invernal / estacional”. Esa cifra también es citada por Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
Sentirse triste, nostálgico o abatido es más común de lo que parece, y no significa que algo malo pasa contigo.
De hecho, hemos identificado que hay 7 emociones que brillan más que las guías que iluminan las casas.
- Alegría y unidad: para la mayoría esto representa la época decembrina. “Conectarse auténticamente” con lo que realmente es importante.
- Estrés y agotamiento: compras, compromisos y reuniones sociales, organizar las cenas y comidas, ¡dejan más cansancio que a cualquiera de los renos de Santa!
- Nostalgia y melancolía: estas fiestas, inevitablemente, tocan fibras emocionales personales, familiares, sociales muy profundas. ¿Por qué? Porque la Navidad y los festejos de un año más que se va, son un reflejo de nuestras relaciones, nuestro interior y nuestras expectativas o frustraciones.
- Tensión familiar esa nunca falta, pero en estas fechas se amplifica y suele poner a prueba la paciencia y la tolerancia que hemos construido o no.
Todo lo vivido durante el año (o de varios años atrás), se amplifica con la presión social y comercial de regalar, viajar, “ser felices”, etc. La época navideña suele traer muchos estímulos emocionales que pueden despertar tristeza, nostalgia o presión.
Aquí les dejo algunas razones que gracias a su apertura de corazón y su confianza hoy entendemos que los sentimientos y emociones difíciles que se experimentan antes y durante estas fechas pueden estar provocados por:
- Recuerdos
Estas fechas agitan memorias de otras etapas de la vida con personas que tal vez se han distanciado o que ya no están, tradiciones que cambiaron o momentos que hoy se sienten lejanos.
Esa comparación entre el antes y el ahora puede generar un vacío, frustración, enojo o insatisfacción.
- Expectativas
La sociedad y las redes sociales se encargan de vendernos la “Navidad perfecta”: familias felices, abundancia, armonía.Cuando tu realidad no se ve así, es normal pensar ¿qué estoy haciendo mal o qué no estoy haciendo?. Es casi inevitable la comparación social; y esto puede lastimar aunque no quieras.
- Soledad (real o emocional)
Habrá quienes rodeados de gente se sientan solos y hay quien se encuentra en situación real de abandono o soledad.
- Cansancio y desgaste del año
Cierre de ciclo, acumulación de preocupaciones, estrés económico o laboral. Cuerpo y mente llegan a diciembre con agotamiento.
- Duelo o ausencias
Si has perdido a un ser o seres queridos durante el año o en años recientes, si extrañas a alguien o si tu vida cambió, es natural que la Navidad pueda sentirse muy difícil.
- Sensibilidad emocional natural
Hay personas que simplemente viven la Navidad con una sensibilidad mayor por su forma de ser. No es debilidad; es su personalidad y es humano.
Si te has sentido identificado comienza a equilibrar tus expectativas. Este es el ingrediente para que el cóctel navideño de alegría, estrés y un toque de drama lo pases de la mejor forma posible, porque estos días pasarán; puede que estés demasiado sensible y tal vez tu malestar puede llevarte a encontrar soluciones que no has contemplado; como pasar esos días retirado del bullicio y las fiestas, reflexionar acerca de tus relaciones interpersonales y la forma en la que estás viviendo tu vida. Sería de gran ayuda acudir a una consulta psicológica y hablar de estos sentimientos y lo que los despierta en ti, no para “mejorarlos”, sino para escucharlos, conocerlos y saber qué necesitas.
Este momento especial del año puede ayudarte a encontrar introspección, regulación y un corazón convertido. Finalmente la Navidad se vive en el interior. No son las luces, ni la comida, ni los regalos, sino sentir el corazón liviano, agradecido y dispuesto a dar y recibir amor.
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